Fase de confrontación

Una vez que el acosador percibe que tiene a su víctima acorralada, comenzará a atacar con más fuerza. Su fin es destruir al acosado, consiguiendo además que parezca responsable de lo que le está sucediendo.

Si la victima reacciona, rebelándose o buscando apoyos externos, despertará en el acosador sentimientos de odio y furia. En esta fase destaca sobre todo la violencia verbal. Si hay violencia física, ésta duele ser de poca intensidad y frecuencia y sirve como advertencia.

El acosador provoca sistemáticamente a la víctima, buscando reacciones con las que acusarle delante de los demás. Si la víctima se enfada y grita, por ejemplo, el acosador utilizará ese comportamiento para demostrar al resto del grupo que es agresivo y poco estable emocionalmente. Si no responde e intenta aislarse, se le presentará como un antisocial que no quiere integrarse en el grupo. Asimismo, el acosador se presentará a sí mismo como la victima de las “rarezas y salidas de tono” de la otra persona.

En esta fase, el acosador también intenta aislar totalmente a la víctima. Pueden trasladarlos a habitaciones en las que estén solos, colocarles contra una pared… Insta a los demás compañeros a no relacionarse ni hablar con él. Incluso puede llegar a amenazar a la gente que proteste por el acoso o que pueda apoyar a la víctima. El acosador consigue así un grupo de seguidores fieles, que comenzarán a ejercer violencia sobre la víctima con las siguientes conductas:

  • Tratarle como a un objeto: No se le mira, no se le contesta…
  • Atribución de la culpa: Los compañeros piensan que algo debe haber hecho para que se le trate así, justificando las actuaciones de violencia.
  • Vigilancia y control de todos sus movimientos, buscando errores y conductas que reprocharle.
  • Gritos, insultos, amenazas a la victima e incluso a su familia, ya sean directas, escritas o telefónicas.
  • Daños a sus propiedades
  • Situaciones de acorralamiento y violencia física (empujones, zancadillas…)
  • Comentarios obscenos, insinuaciones sexuales, amenazas de agresión sexual…

Muchas víctimas acaban ya tan dañadas esta fase que no pueden llegar a la siguiente. Su salud psicológica y física está muy deteriorada, por lo que suelen necesitar una baja médica con la que escapar del ambiente hostil. Otros pueden ponerse en situaciones de peligro o incluso intentar el suicidio como única vía de escape.

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